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Eran
pescadores tradicionales, que últimamente se sentían con miedo de salir a
pescar a 50 millas náuticas del cabo de vela. Del cielo
los atacaban con misiles, sabiendo que no eran narcolanchas. Habían
pasado diez días en alta mar y la pesca era escasa. Estaban desesperados. De
pronto un gigante mero sacude la red, y el navío “Aracataca”, que salió de
Taganga, se ladea a babor. Tres luces sospechosas se desplazan directo hacia
ellos. Dionisos
agita una lámpara desde proa, para alertar al navío que se acerca. El Capitán
Roger levanta los brazos y grita. La noche es densa y el viento agita las olas
del mar. ¡El mero se ha fugado! |
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