Lancha Aracataca
César Molina Consuegra



Eran pescadores tradicionales, que últimamente se sentían con miedo de salir a pescar a 50 millas náuticas del cabo de vela.

 

Del cielo los atacaban con misiles, sabiendo que no eran narcolanchas.

 

Habían pasado diez días en alta mar y la pesca era escasa. Estaban desesperados. De pronto un gigante mero sacude la red, y el navío “Aracataca”, que salió de Taganga, se ladea a babor. Tres luces sospechosas se desplazan directo hacia ellos.

 

Dionisos agita una lámpara desde proa, para alertar al navío que se acerca.

 

El Capitán Roger levanta los brazos y grita. La noche es densa y el viento agita las olas del mar. ¡El mero se ha fugado!