Los sátiros, amigos de las ninfas
Edgar Tarazona Angel


LOS SÁTIROS son propios de la mitología griega y en Roma son nombrados como faunos, son los compinches de Pan y Dionisos en sus correrías por los bosques y las montañas. Como los mencione en mi artículo de las ninfas, una de sus características es un desaforado apetito sexual pero no se les dificulta satisfacerlo porque esas chicas siempre están dispuestas. Por eso el desorden sexual de algunas damas se denomina ninfomanía. 

 

Siempre son representados como una especie semihumana, mitad hombre y mitad macho cabrío, bastante feos por cierto, aunque algunas obras de la literatura clásica los presentan bien parecidos, como galanes de telenovela. Eso me hace pensar en un chiste de mi hermano que decía: “Bien parecidos al demonio, jajajaja”. Pero las imágenes que uno encuentra son poco favorecedoras. En la actualidad jamás los contratarían para galanes. 

 

Se les representa de varias formas; la más común (y básicamente romana) es la de una criatura mitad hombre mitad carnero, con orejas puntiagudas y cuernos en la cabeza, abundante cabellera, una nariz chata, cola de cabra y un priapismo permanente. A menudo llevan pieles de animales, de pantera (atributo de, por ejemplo, Dioniso). Las representaciones romanas confundían a los sátiros con los faunos, quienes solían tener piernas de chivo. La confusión ha perdurado incluso en obras de arte contemporáneas, como el «fauno danzante» de Lequesne, que es más bien un sátiro. 

 

Pues parece que su belleza era un poco más abajo de la cintura y era lo que atraía a las ninfas. Ellas salían semidesnudas o en puros cueros a bañarse o bailar, a sabiendas que los muchachos estaban observando, y no disimulaban sus deseos de que se acercaran y se atrevieran a algo mejor y sabroso. En los cuadros se ve cuando los Faunos entran en acción y cada uno agarra a la que tiene a mano. No se les declaran ni llevan flores o cosa parecida, mano a la presa y a darle al asunto. 

 

Uno se imagina, ahora van a dar quejas o a poner demanda por violación.  Y que va, al otro día regresaban por otra revolcada. En poesía lo dicen de mejor manera bonita, pero a ellas les gustaba ese estilo de relación sin compromiso y a esos tipos igual les daba una u otra muchacha, hoy fornicamos y mañana si te vi no me acuerdo. De ahí nace también la satiriasis que es un desmedido apetito sexual. Entonces pensemos el paraíso en que vivían estos desaforados, ellas siempre querían más de eso y ellos estaban dispuestos también a lo mismo, dele que dele que eso no se gasta. 

 Lo que no encontré por ninguna parte es que hacían si alguna quedaba embarazada.  

 

Le dejo a la curiosidad y la imaginación de mis lectores las respuestas. En el Olimpo no había tribunales donde radicar demandas  y Zeus, el mayor de los dioses, era el campeón de mal ejemplo. Hace mucho conté las andanzas de este mujeriego, pero  como hay lectores recién llegados las repito otro día. De manera que las embarazadas, supongo, dejaban de fornicar por un tiempo y cuando nacía el Nuevo faunito volvían a la rumba y al coge coge.  

 

Hasta la próxima.