Los
cepos suaves de tu infancia,
Se
convirtieron lentamente en sólidos grilletes.
No es tu
culpa, lo digo por tu padre,
Que dejó
bridas y arreos en su huida,
Mismos
que rompiste uno a uno con los años.
Las
memorias de tu descolorida infancia,
Marcaron
profundas e indelebles huellas en tu vida,
Misma
que vivisteis a tu manera,
Ignorando
el amor cuando llegaba,
Indócil,
renuente, caprichosa.
Y así llegásteis a ser madre, abuela y casi bisabuela.
Sin
bridas, ni cepos ni arreos que se ajusten.
No
puedes culpar al hado por tu estrella,
Ni
culpar tu cuna sin canciones,
No
olvides que hubo amor en tus caminos,
suficiente
para ser lo que no eres,
pues optasteis
ser rebelde, indócil y renuente.
El amor
llegó a tu puerta muchas veces,
Pues
cuando joven lo encontrabas fácilmente,
Y ahora
lo sigues buscando en la misma tierra extraña,
Ignorando
que ningún lugar podría brindarte
Aquello
que aún no sabes o que quieres.
Pero al
menos sos madre, abuela y casi bisabuela.
Sin
bridas, ni riendas, veleidosa.
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