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Hojas
rojizas
que
caen en volandas,
muestra
del paso del tiempo
que
desgasta.
Mis
pensamientos vuelan,
ya
no sé nada,
solo
que te quiero
y
que me muero por una mirada.
Es
el otoño,
que
no permite esa segunda ojeada,
como
una mujer que huye
a
la que solo se le ve la espalda.
¿Cómo
rozar tus labios?
Si
los míos no dicen nada,
atrapados
en un tiempo,
del
que ya no se cuenta nada.
Pecado
eterno,
cometido
por una inocente parada,
ojos
que susurran,
un
te amo,
el
cual resuena en cada estancia.
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