Pequeños
cristales brillando allí en el techo,
Reflejándose
alegres cual luz de Navidad
Gotas de
agua que jugando con el sol,
Caen
inesperadamente, sin compás de espera.
Las
chimeneas saludan casi unísonas,
Al frío
invernal que ya llegó.
Casi en
fila alineadas por el viento,
Nos
calientan, contaminan, se disuelven.
Caminar
arrastrado sobre transparentes hielos,
Lanzar
improperios al compás de la caída inesperada.
Precio
caro por no tener insectos,
Que se
mueren con el frío que me atosiga y abruma.
Un día
la nieve dará agua, vida al verde puro,
Tendré arcoíris
de flores por doquiera.
Saborearé
la miel que yace almacenada,
En los
días grises, crueles, fríos del eterno invierno.
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