Amaba el
silencio,
Más no
estaba solo.
Su
soledad siempre estuvo siempre acompañada,
Recuerdos
con y sin música, lectura, escritura,
Calles
empedradas, perros callejeros
Combinado
de sueños, despierto, adormitado
Amaba el
silencio
Desde el
crudo, cruel y triste invierno,
Hasta el
cálido y colorido verano.
Gozaba
sus mañanas rutinarias de jugo de toronja
Del café
de la tierra tropical, caliente y húmeda,
De los
campesinos alegres, humildes y lascivos
Del café
de colores alegres, intensos,
Del sol
que calienta y madura sus granos,
Colectados
por manos trigueñas, sudorosas,
Café de
colores alegres, intensos
Café de
alegrías, pobreza y promesas vacías.
Amaba el
silencio,
Más no
estaba solo.
Amaba la
vida, pues agradecía,
Saborear
su café y su jugo cotidiano,
Sus
versos eran vida, olían a café,
Su
corazón se los dictaba,
Discretos,
alegres, o de colores intensos
del café
de su tierra,
colectado
por manos inocentes, campesinas inocentes,
que
regresarán a sus chozas con crío en sus entrañas,
café de
granos lascivos, cargados de promesas vacías.
|