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Inicié un año en Tapalpa-Jalisco,
y caminé la Media Luna.
Por acá circularon los fantasmas
que creó Juan Rulfo.
El cielo azul índigo invernal,
acompaña el silencio general
y un frío como una tumba.
Pese a ello se
siente el calor,
como brasas en el suelo
amarillo elote,
el comal ardiente,
Comala presente,
seco, árido, inhóspito,
sólo espectros pueden sobrevivir.
Toco los
restos de una pared
centenaria de adobe.
Un instante,
parece eternidad,
escenario de tristes historias inacabadas.
Diviso el
llano,
desolación y soledad,
páramo como la vida de Pedro.
La mañana acá,
secuestró los colores.
Aquí el
tiempo,
te convierte en polvo.
Y hasta el
viento calla,
cosas que ve.
Pero trae
murmullos,
y recordé a Juan Preciado:
“me mataron los murmullos”.
Digo adiós a
La Media Luna.
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