Me matas y te ríes,
me matas y sonríes,
y yo vuelvo
una y otra vez,
mientras me cubro las heridas,
me coso los miembros,
y entierro mis lamentos.
Te miro…
Y te pido que sigas.
Y te grito,
y te lloro,
y te ruego que calmes mis tormentos.
Y muero,
esta vez lentamente,
pausadamente,
sin dolor.
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