Levanto la cesta de mimbre; y las mariposas
volaban como sueños infinitos.
El gato maulló; y se recostó sobre las
memorias de Adriano. Un segundo después se movieron los ventanales.
Los tigres huyeron espantados;
Ellos veían cuchillos afilados.
El pescador dormía en la popa
Y los peces jugaban en la orilla. La
palabra saltaba sobre las espumas…
La naturaleza era inocente; más la sociedad
no.
De pronto vio y escuchó el grito de Munch; ansiedad y angustia.
La ciudad era musgo enredado en las
paredes.
|