Un
turpial canta; al nuevo día que se levanta
en
lo alto del cable.
Drones
sospechosos cruzan el cielo.
Las
putas corren en el callejón.
Abajo
un maleante en moto
Dispara
contra mujer inerme.
En
la otra acera camina un Contratista con maletín de coimas.
Todo
se resquebraja como el final de los tiempos;
Bocas
abiertas se muestran en racimos y una mezcla de ruinas y cenizas y metal
retorcido se exhiben;
Mientras
se agota el tiempo; suena como una gigante vejiga que se desinfla.
La
música en lo alto; y abajo el ruido espantoso de sicarios.
Los
panes en la mesa;
Eternizan
la soledad de los parias;
Un
futuro de sueños languidece
En
la trágica cuneta de la vida.
La
ciudad se llena de cemento.
Somos
nudos de átomos en nuestro tiempo efímero.
El
alcohólico cuenta su locura;
El
parque se llena de inmigrantes expulsados de la tierra del norte. Los tecnócratas desfalcan el Estado.
Como
un trompo
Eterno
de rabia y hastío cruza el hambre infinita; sobre los patios abandonados.
Dios
está ocupado en la reconstrucción del hombre nuevo.
Juan
verifica a los resucitados.
Ahora
llueve
Y
el vacío se instala en los cristales rotos sin vida.
Hay
sangre en la acera;
Un
cuerpo cruzó la tarde como un raudo meteorito hacia el vacío.
En
la esquina cruza el carro funerario; y miles de personas que lo siguen hacia el
cementerio. Lo irremediable se instaló en la esquina.
El
alma vuela y el cuerpo se pudre.
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