Icaro
Daniela Fernández-Cuevas Molina



Porque como Icaro caí,

siendo quemada por aquello que tanto había amado,

por lo que tanto había esperado

y como él,

sonreí mientras me consumía,

porque ese fuego que quemó mis alas

fue el mismo que les dio vida,

fue ese sol,

el cuál me besó al notar la cercanía.

Causado por el deseo de notar la caída,

de sentir algo,

de cremar mis heridas,

un dolor tan placentero y esperado,

anhelo que acabó con mi vida.