Porque como Icaro caí,
siendo quemada por
aquello que tanto había amado,
por lo que tanto había
esperado
y como él,
sonreí mientras me
consumía,
porque ese fuego que
quemó mis alas
fue el mismo que les dio
vida,
fue ese sol,
el cuál me besó al notar
la cercanía.
Causado por el deseo de
notar la caída,
de sentir algo,
de cremar mis heridas,
un dolor tan placentero y
esperado,
anhelo que acabó con mi
vida.
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