Llueve a cántaros
Y el cielo parpadea en
relámpagos.
Esta lluvia pertinaz y la
soledad de mi vida en escuálidos
callejones sin fin.
Las gotas caen perezosas
sobre la ventana del fin del mundo en hierro carcomido.
Sobre las tablas de la
ley Moisés está dormido.
Marte prepara sus carros
de Combate.
Hay sombras en los
balcones
Y los faroles duermen su
luz mortecina.
Es como la vida
Que se apaga
En halo de luz sideral
Sobre las ruinas
De las estatuas
tronchadas; sin luz
en los ojos.
Junto a las heces de las
ratas y los corruptos.
Hay motosierras en las
cunetas.
La luz de los coches
ilumina por instantes el alma maltrecha de la condición humana.
Voy sobre este cementerio
de cruces y almas en pena.
En las sombras
Alguien agoniza.
Flota el miasma de la
guerra en las grietas abiertas de la ciudad que se hunde; en la globalización
del hambre; en fumarolas.
Veo espectros humanos
sobre las paredes.
Cuerpos sin pieles
Con ojos de urgencia.
Humo de tabaco
Y sueños psicodélicos
giran en la esquina;
Mientras la puñalada
corta la garganta; y asegura un día de comida bajo el alero de los puentes que
duermen en la inercia fatal.
Y la vida atenaza como la
soga de un verdugo; y él sueña que se libera de su propia muerte; cuando
estrangula a otro.
Son las noches de Caín.
No sé si alguien rescatará
mi memoria;
Ahora que grito
Y el diablo camina
En lo alto de los sarcófagos,
museos y bibliotecas abandonados.
He ardido en un cielo sin
estrellas.
Soy mi propio Minotauro
encerrado en el laberinto de esta vida salvaje.
No sé si como Icaro mis
alas volarán por encima de este laberinto en llamas o me quemaré como una tea
de libertad;
Que rompa la soledad de
esta horrible noche de miserias.
Me he quemado bajo misiles
inteligentes que solo exterminan niños en Gaza.
Ahí va mi vómito
de asco…
sobre los Genocidas!
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