El piano del piso número diez
The Fernet-Branca man


Disfrutaba de mi trabajo y de mi vida en general. Había sido seleccionado para trabajar como “Experto en Telecomunicaciones” y mi área de trabajo era El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Mis hijos, mi esposa y yo coincidíamos que Nicaragua era el mejor lugar de Centroamérica para vivir. Su gente, paisajes verdes casi vírgenes, artesanías de cuero, madera, barro; su folklore nacional, músicos, compositores, pintores, escritores, etc. hacían de este país el favorito. Ahora estaba frente a otra etapa de mi vida trabajando en otro país de Centroamérica: Guatemala. El Proyecto de ampliación de las redes telefónicas estaba aprobado para la ciudad de Guatemala y sus principales departamentos.

 

Siemens AG, me dio la oportunidad de rentar casa o apartamento. Dado que no conocía dicha ciudad y sus zonas me dejé guiar por la Licenciada de Bienes y Raíces señora Imelda Ortiz, encargada de la cuenta de Siemens. Siguiendo sus recomendaciones renté por un año prorrogable, un apartamento de lujo en el edificio Vistana, ubicado en la zona 14, considerada exclusiva y segura. Sin pensarlo, escogí el piso número diez, por cierto el último. Tres recámaras, dos baños, dos salas, comedor, cocina y terraza, le daban a dicho apartamento la sensación de estar entre las nubes. Las puestas de sol y la aurora eran mis momentos favoritos, especialmente en los meses de Octubre y Noviembre, así como observar la lluvia, con su enjambre de truenos y relámpagos continuos y largos; mientras saboreaba mi vino Merlot.

 

Me olvidé que también era una zona sísmica y vivir en un décimo piso, implicaba muchas escaleras para bajar o subir. Por estar siempre caminando o manejando no pude sentir los muchos temblores que las noticias anunciaban al día siguiente. Por fortuna me daba cuenta de ello después de que habían transcurrido. Como vivía solo, inicié trabajando de Lunes a Viernes, luego de Lunes a Sábado. En fines de semana largo podía viajar a San Salvador a visitar a mi familia y regresarme en el último vuelo el Domingo y a veces muy de madrugada el Lunes.

 

Un Viernes por la noche de mucho silencio y acogedora brisa nocturna, mientras saboreaba una copa de vino, escuché las notas musicales de un piano. El angelical sonido venía del apartamento 1015 que, estaba junto al mío que era el 1013. La pieza musical era tocada más que magistralmente con el corazón, cada nota dejaba la sensación de vivir dicha melodía. Emitía nostalgia, melancolía, vacío, amor, soledad, ternura y demás. Por alguna razón siempre identifiqué a mi padre cuando escuchaba dicha composición. La pieza era Liebestraume de Franz Liszt. La seguí escuchando hasta el final. Pensé que por el silencio era algún sofisticado equipo de sonido, y esperaba escuchar algún anuncio o comercial. Sin embargo en lugar de ello hubo unos cortos aplausos, voces femeninas y una voz masculina. Así apareció la composición Campanella, la cual también disfruté. Al final de dicha pieza musical, vinieron nuevamente los cortos aplausos y el chasquido de copas brindando por algo. Luego apareció Nocturno en B menor de Chopin.

 

Me armé de valor y con tres toques tímidos y discretos llamé a la puerta. Apareció de repente una alta, hermosa y elegante mujer casi de mi misma edad o menor. Su vestido era negro, con escote refinado, manga tres cuartos con un collar y aritos de perlas color crema, ojos miel, pelo trenzado en forma de corona. Extendió su mano y con mucha dulzura y seguridad me dijo me llamo Fiorella Alessandra, pero puedes llamarme Alessandra. Me invitó a pasar y me introdujo a una pareja de amigos que esa noche le acompañaban. Me indicó que me sentara en un sillón contiguo a la pareja, acto seguido reinó un profundo silencio mientras ella iniciaba la tercera melodía. Esta vez Serenade, tambien de Franz Liszt.

Sus primorosas manos y su cuerpo se estremecían delicadamente al compás de cada nota musical. Su mente, corazón y su alma se metían en cada tecla que pulsaban suavemente aquellas delicadas manos de largos y perfumados dedos. Era una mujer de otro mundo. Una Diosa en Guatemala. Dichosos sus alumnos de la Carrera de Música de la Universidad San Carlos, me decía interiormente.

 

Luego vinieron más aplausos, (pues ahora estaban incluidos los míos), y palabras cortas pero muy emotivas por el privado concierto. Y así vinieron más brindis, hasta que la pareja se despidió y quedamos solos Alessandra y yo. Salimos a la terraza a observar la ciudad de Guatemala de noche y los astros de un cielo que esa noche verdad de Dios que lucían diferentes.

 

Conversando supe que todos esos apartamentos del décimo piso estaban vendidos pero la mayoría desocupados. Sus acaudalados dueños vivían en el extranjero y lo ocupaban esporádicamente. Cada dos semanas venían personas a realizar trabajos de limpieza. Supe además que ella tenía chofer asignado y que casi cada fin de semana tendría huéspedes en su apartamento para degustar buena música y vino exquisito. Su preferido era el vino italiano Montepulciano D’abruzzo, Villa Rocca cosecha del 2020.

 

De concierto en concierto, supe que era hija única del Embajador de Guatemala en Italia. Divorciada por segunda vez con un hijo de cada matrimonio. Ella supo que yo era casado también con dos hijos. Sentía mucho temor de estar a solas con ella pues la verdad era muy hermosa, encantadora, personalidad fuerte, demasiado dulce y seductora. Nuestra atracción era mutua, desde el instante que extendió su mano y sus ojos se cruzaron con los míos. Su mirada hechizadora. Imposible dejar de pensar en ella.

 

Intercambiamos números telefónicos y me ponía nervioso al recibir sus escuetos textos. Cierta noche, decidimos salir a cenar. Ella escogió Pecorino Ristorante. Vestía sencilla pero elegante. Su exuberante y peculiar belleza no necesitaba de vestidos suntuosos. Su figura esbelta y agraciada con su vestido de lino beige, cuello pequeño, con botones desde el principio al fin, sus trenzas de corona y su discreto y pequeño collar de perlas negras, hacían que luciera como una reina. Instintivamente nos tomamos de la mano. Aunque la temperatura era muy fresca, ella sintió que mis manos estaban calientes, mi rostro rojo y mi corazón latiendo rápido. Me preguntó si me sentía bien, le dije que sí. Que era la primera vez que salía con una persona como ella. Sentí que mi energía brincaba y concatenaba con la de ella, como si la hubiese conocido durante toda la vida. Simplemente le dije que nunca había sentido algo similar. Le hice la misma pregunta y ella asintió que igualmente sentía exactamente lo mismo. No sabía si creerle o no pues sabía accidentalmente que su círculo de amigos de los días Viernes era muy aristócrata, pero esa noche éramos el uno para el otro. La cena y el vino fueron muy exquisitos, como cada momento que vivíamos. Ese Viernes no hubo concierto alguno. Ella era solo para mí y yo para ella. De nuevo en la terraza, saboreamos muchas copas de vino, teniendo como postre besos y tiernas caricias sin fin que tenían de fondo un nuevo cielo claro y estrellado; hoy completamente distinto…….

 

Mi cuerpo, cama, sábanas, mis almohadas y mi habitación, quedaron impregnadas del exquisito aroma de su suave y tersa piel de un cuerpo delicado que olía a amor nuevo, a escondidas, amor adictivo, e irresistible sueño de amor. Qué fácil es amarla pues ella se entrega por completo … Ay Dios mío que es esto que vivo y siento !!!!!..... pero Gracias!!!!

 

Así ha comenzado mi tierno e inesperado romance en el apartamento del piano del piso número diez.