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Estábamos en Cambridge. Afuera casi nevaba. La tenue luz
amarillenta del Brook Bar, ese refugio de bohemios donde se fuma sin pedir
permiso, nos daba un aire de pintores ingleses impresionistas. A Jack lo había dejado su novia, fumaba mentolados sin parar, Mary
tenía nuevas amistades y su pelo ya no era rizado. Bruno a mi lado un poco
pegajoso, su identidad literaria me cansaba. La Sra. Elisabeth no le ponía el
desayuno, a pesar de que el lechero le dejaba todos los días pequeñas botellas
de leche en su puerta, ella trabajaba en un Tea Room
en el que servían té, café y deliciosos muffins con mermeladas inglesas
amargas. Apenas cumplidos los dieciocho años, todo era nuevo y diferente. Las clases eran duras, no dominaba el inglés,
pero era un reto que deseaba superar cada día. Qué pensarían mis padres si me vieran me preguntaba. Ellos amaban
todo lo inglés, tomaban el té a las 5, ilusionados me mandaron a Inglaterra, se
lo agradeceré siempre. En Lennox Cook School, había varios
grupos de alumnos, según nivel. Allí conocí a un mexicano que me paseaba en
moto, chicas canarias que solo querían divertirse, francesas, italianas. Cambridge
era una localidad estudiantil, con prestigiosos colleges,
algunos junto al río Cam, donde los alumnos en la primavera se desperezaban con
sus cervezas y folios. Un amigo inglés me invitó a su apartamento a tomar el
té, siempre iba en bicicleta al igual que la mayoría de estudiantes. Los
ingleses son fríos con las mujeres, pero atentos. Lo primero que vi en la televisión inglesa fue las “Ocho mujeres de
Enrique VIII” no entendía nada ni las amigas españolas tampoco, las inglesas lo
veían como si no fuera con ellas. Yo
igual. Cuando llevaba varios meses, fui de excursión a Strafford On Avon, donde nació Shakespeare, pequeño pueblo inglés con
encanto, las casitas con tejados de pizarra, prados verdes, donde el visitante
puede meterse en aquel tiempo viendo sus habitaciones, decorados, cocina. Es un centro pintoresco en el condado de Costwolds.
Allí tuve un problema con un reportero que me quería hacer una entrevista para
la televisión italiana, confundiéndome con una famosa actriz. Elsa una amiga mallorquina tuvo problemas de salud, la comida le
sentaba mal, estuve algunos días en el hospital con ella y nos hicimos buenas
amigas, estudiamos juntas los exámenes en los jardines sentadas en el césped. El mercado lo visitaba a las tres, era pequeño pero curioso,
compraba la fruta por piezas bastante cara, además estando allí, cambiaron la
moneda. Lo mejor de la comida inglesa era la carne asada, los guisantes, el queso,
el chocolate y las galletas. A los cinco días de llegar me atropelló un coche, no me acordé del
cambio de dirección, eran dos chicos ingleses que iban borrachos a las cuatro
de la tarde. Llamé al mexicano para que me acompañara a la policía para
tramitar la denuncia, más tarde en la escuela no le quería hablar en español y
se enfadó mucho. El ambiente del Brook Bar era tranquilo, servían sándwiches de
mantequilla y cacahuetes. La ausencia de luz era necesaria para compartir
nuestra vida de estudiantes bohemios. Parece que la oscuridad se va a tragar la ciudad. |
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