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Íbamos en
el bus, y nos acercamos a un Jeep Willys y delante de él nos tomamos una foto
histórica en la raya que separa a Venezuela de Colombia entrando por Maracaibo.
Estando en Caracas, capital de la tierra de nuestro Libertador Simón Bolívar,
Augusto y Darío, comenzaron a conocer la atmósfera de Venezuela. El Cabezón
Urueta, era arquitecto de profesión y había
sido Director de la Biblioteca Distrital en Barranquilla y reinserto del PRT, y
Gladys Oliveros, “mamerta”, que siempre tenía un librito “Economía política” de
Nikitin bajo el brazo, ella era estalinista,
había sido miembro de dirección de la Cut Atlántico y
de la UP, en Colombia. Pero también conocimos a Juan Carlos Tino; uno de los
impulsores del proyecto "Colombianos y
Colombianas en Venezuela, una sola bandera". Era sociólogo y miembro del
PC de Colombia o sea “mamerto”. Por las
tardes íbamos a la plaza de Bolívar en Caracas, llena de palomas, a ver el
cambio de guardia de honor ante la escultura ecuestre del Libertador Simón
Bolívar. Por allí
apareció un día Estefania una mona que decía ser enfermera originaria de Cali,
con antecedentes penales. Anda tras el rastro de Madame Mulet, quien era su
amiga desde Bogotá. Era bajita y con obesidad mórbida. ¡Pinta de traqueta! La avenida
Baralt estaba repleta de buhoneros y en las mañanas la ciudad huele a arepa
venezolana y papelón. Sopla la
brisa fresca del Avila. A mediodía huele a pabellón que consiste en carne
mechada, arroz blanco, tajada y caraota. El parque
Anzoátegui se llena de buhoneros, y vendedores de almuerzos baratos. Diagonal
está el palacio Amarillo y las dos alcaldías en la plaza. A unos metros está la
Catedral Mayor de Caracas, en las esquinas de gradillas a Monjas en pleno
centro histórico. Allí
reposaron los restos del Libertador Simón Bolívar hasta 1876. Fue testigo
del inicio del desconocimiento de la autoridad colonial española, un 19 de
abril de 1810. Amyas Preston, pirata inglés, intentó
destruir la Catedral, ¡incendiando todo!
Impresiona
su majestuosa biblioteca en español, inglés y francés. Su patio interior con
fuente de agua viva que perteneció a la catedral de Caracas. Hay pinturas de
Tío Salas y la arquitectura es colonial del siglo XVII. Está entre las esquinas
de San Jacinto a Traposos, en la parroquia Catedral. Al final de la casa había
una caballeriza. El archivo de Bolívar consta de 200 volúmenes, junto a la
biblioteca del Mariscal Antonio José de Sucre y el archivo de José Rafael
Revenga. A veces
visitamos un pequeño hotel sobre la avenida Baralt que se llamaba MI PEQUEÑA
ITALIA. Un día
llegaron al Piñango varios vehículos oficiales y la PTJ con dos exministros de
color negro, del gobierno de Grenada que pedían asilo
político después del golpe gringo en Grenada, contra Maurice Bishop. Un 19 de
octubre los yanquis invadieron y asesinaron a toda la dirección del Estado que
encontraron. En “Mi
pequeña Italia” vivían varios refugiados colombianos, entre ellos Madame Mulet,
con dos hijas, una Solangel con sus dos hijas
pequeñas, y otra llamada Mayra. Un año más
tarde llegaría a Caracas Wilmer Martínez con su pareja y dos niños. A ellas las
ayudaba Clotilde, una vidente y santista que les
brindaba oportunidad de trabajo en limpieza en su casa. Ella ofrendaba gallos y
leía el tabaco en medio de una algarabía infernal. Ella era
hermana de Pedro Ortega, un economista colombiano que nos llevó a su residencia
para brindarnos hospedaje y alimentación. Un ángel
que surcó el cielo dando ayuda sin esperar nada a cambio. El mismo
día que llegamos a Nueva Esparta llegó a la casa con un bulto de comida y dos
colchonetas para dormir. Estuvo pendiente de nosotros, durante cuatro meses sin
falta. Solo oraba a Dios y le daba gracias por un nuevo día de vida y salud. En medio de
las privaciones económicas un domingo fuimos a las playas Caribe 1 y Caribe 2. Con el
fotógrafo trabajamos tomando fotos, que entregamos lunes o martes. Todo era un
hormiguero humano. Poco espacio para tanta gente. Pero disfrutamos el paisaje y
miramos el paso de navíos de turismo hacia islas Margarita . Un día
cualquiera la derecha amanecía con Guarimba, rompiendo vitrinas y parabrisas,
mas no gozan del apoyo popular. Son
personajes grises como Leopoldo López o Maria Corina que es sionista, y desean
e impulsan la invasión gringa a Venezuela, para derrocar al gobierno legítimo
de Hugo Chavez Frias. Era el
periodo de Chavez con el impulso de la Revolución
bolivariana. Chavez decía que los corruptos ¡No volverán!
Las calles permanecían repletas de gente que apoyaba los cambios en contra de
la cuarta República. Era una marea roja dispuesta a morir y defender el Cambio
histórico. En verdad había un despertar creciente de la conciencia social y
política. Nos encontramos donde Álvaro un curtido dirigente obrero de Galapa,
de cara ancha, que tenía un pequeño negocio de cervezas y tienda general en
Nueva Esparta, casi en la cima de una colina. La brisa
soplaba suave. Alvaro fungió como anfitrión. Todos
éramos refugiados en Venezuela y vivimos nuestra Diáspora, no sabíamos si
éramos de allá o de acá. Con intrepidez y sueños. Sonaba música de Alí Primera. La penuria
económica nuestra era cada vez más evidente. Gladys la
“mamerta” de la UP, trabajaba con la Asamblea nacional de Venezuela y el resto
fundamos con la dirección de Juan Carlos el Proyecto de acogida a los
colombianos perseguidos por la derecha uribista. Huíamos de
las motosierras. Colombia
era en ese momento una fosa común de más 6859 víctimas de “falsos
positivos". Nuestro trabajo
social, político y cultural, contó con el apoyo del Gobierno de Hugo Chavez Frias, conservando nuestra independencia
organizativa y gozamos de reconocimiento tanto en Venezuela como en
Colombia. A nuestro
paso por Bogotá, conocimos en Molinos Dos, a Gerardo Usme, a quien le habían
rechazado dos veces el Refugio en Estados Unidos. En cambio
a su esposa y sus cuatro hijos les dieron refugio. Después
supimos que tenía récord criminal por un homicidio en Barranca Bermeja. Andaba
un poco desinflado sobre su inmediato futuro. Apoyamos al
periódico “Aurora”, que dirigía Arturo Olivo, un dirigente obrero de Caracas. El periódico
era un organizador colectivo, y fuente de información sobre el quehacer
político, social y económico de Venezuela. Organizamos
una Charla sobre la importancia del 9 de abril de 1948, y el asesinato del líder
Jorge Eliecer Gaitán en Bogotá ¡El famoso Bogotazo!
El Cabezón Urueta y yo dictamos la Conferencia, explicando que esa fue la
primera prueba de fuerzas del movimiento obrero y popular. No hubo una
dirección revolucionaria que encausara las energías populares hacia la
construcción del Poder popular. En varias
ciudades del país, el aparato estatal de la policía se resquebrajó y se unió al
levantamiento popular. Pero el ejército se mantuvo con el desgobierno
Conservador de Ospina Pérez. En cuadras aledañas una esquina donde Simón
Bolívar increpó a la naturaleza por el terremoto que sacudió a Caracas. Días
atrás habíamos pasado por Maracay y las playas hermosas de Choroní. Playa, brisa y mar. Deleite para los sentidos y el
alma. Pablo un
cachaco fotógrafo, exconvicto de la penitenciaría central, era un hombre más
bien hermético y de pocas palabras. Tomó fotos sobre nuestro paso por Choroní. Un mar tranquilo dormía sobre esa playa de encanto,
rodeada por montañas en Maracay. De esta
tierra es el cacique Maracay líder indígena de los Araguas,
que derrotó al ejército español de Juan Rodriguez Suarez. En la plaza
de Bolívar conocimos a un costeño llamado Saúl abogado que había vivido en Curramba La bella. Andaba con un maletín ejecutivo de color
negro. Era muy
amable y solidario. En el mundo de hoy abunda el egoísmo y el importaculismo social… En mi búsqueda
de empleo conocimos a Ali, un peruano escuálido que tenía una bodega para
guardar carretas de buhoneros. Era de aspecto indígena y trato de guache y
pedante, con cabello negro indio. Allí
trabajé varios meses llevando las carretas al centro de Caracas. El pago era
más bien precario y había que trabajar desde las 5 am. Tenía una
pequeña sala con dos computadoras que alquilaba, para trabajar allí. Después
supimos que la casa era robada al estado y entonces lo echaron a la calle. Por el
metro de Artigas deambulaban varios de los internos de la "Posada del
Peregrino" atracando en la entrada del Metro de Caracas. |
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