Desierto
César Molina Consuegra


Como en la novela “El cielo protector" de Paul Bowles, el desierto no son solo dunas, y calor infernal. También son momentos para ser atacados por demonios internos.

Esos que a veces conducen a la locura, o la desarrollan.

Allí estaba Tomás y su amigo Efraín, tragados virtualmente por el sopor del desierto, con los ojos abiertos. Una equivocación los había descargado desde un camión azul, con letrero Sayeret Matkal que desapareció en el acto.  

Efraín recordó el error de Moisés al golpear dos veces con su vara la roca, en vez de hablar directamente a Dios. El castigo fue “No poder entrar a la tierra prometida” y vagar como nómada por el desierto.

Las experiencias de marcha sin orientación en el desierto, son una situación límite.

Alienación, impotencia, estrés, cansancio, desaliento… impotencia.

Como Kits y Port y Tunner, están atrapados. No confían en sus propias fuerzas y menos en el poder de Dios.

Sin embargo Efraín canta el Padre Nuestro con esperanza y fe… Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino… 

De pronto Efraín descubre un lago a menos de 19  metros.

Sudando copiosamente, le avisa a Tomás

Y se lanzan al lago. Una caravana de beduinos pasa por el borde del lago cantando a Alah y no los ve.

¡A lo mejor los Dioses diferentes no se conocen!

Pero el lago es real y ¡se han salvado de la muerte!

 

23 de Mayo de 2026.