Estafadores
César Molina Consuegra


Guillermo o Niño gordo, junto a su mujer Maria (trabajaban en un laboratorio en Soledad), pedían prestado dinero por millones y luego se mudaban y se robaban la plata.

Ambos recitaban epístolas bíblicas como loros de iglesia de garaje.

Saludaban con las frases "¡Gloria a Dios!”, ¡Dios te bendiga! pero eso era una máscara que cubría a Satanás, con sus malas acciones.

Ambos eran de pocas palabras.

Vivían primero en soledad, después se les perdió el rastro. María tiene una hermana con un negocio en la carretera 21. Vendían chuzos con carne de gato.

Un domingo unas víctimas los encontraron almorzando en el restaurante “El Marisco”, los rociaron con gasolina y les prendieron fuego.

Los cadáveres quemados quedaron en la vía.

Cientos de víctimas los reconocieron como estafadores.

Estaban armados con pistolas, que decomisó el CTI.

La policía informó que el Niño gordo y María habían sido arrestados por robo a mano armada y robo de vehículos de alta gama. Estaban siendo investigados por el asesinato de un fiscal antinarcóticos de Paraguay, ocurrido en una playa de la Heroica.

Era gordo, calvo, pipón y cachetón. Expolicía con prontuario de corrupción. Ahora se entendía por qué cambiaba de vehículo rápidamente, y eran vehículos de alta gama.

Luego se supo que estaba inscrito como conductor en Indriver con cédula falsa.

La policía acaba de concluir que el difunto no es Guillermo, sino un hermano gemelo que tenía amoríos con su cuñada Maria.