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Wilfrido
como un Matzneff contemporáneo, era un pedófilo de
vieja data, que era entrenador de un equipo de niños de 9 años de edad. Había
tenido dos investigaciones por acoso sexual a los niños. Con el
dinero se había mantenido en su mundo como depredador sexual, siempre en la
sombra. El pedófilo,
jugaba con la inocencia de los niños y luego los asesinaba sin piedad de manera
escalofriante. Unos meses atrás en los vestidores del estadio un pitbull
terrier, un perro agresivo lo ataca, mordiendo fuertemente, en el pecho y los
brazos. En la lucha apareció el gordo “Pecueca” trabajador de la limpieza, que
era su cómplice, y fue muerto por el perro. La investigación
criminal detuvo a German quien criaba perros de pelea y había sido violado por
el entrenador de fútbol. Todo sigue
aparentemente su curso perverso. Sin
embargo, un mes más tarde, la policía logró que cuatro niños testificaran
contra él ante la justicia. Entonces
compró a la justicia. Era amigo
íntimo del alcalde corrupto. Dos años
más tarde otras víctimas lograron incriminarlo y fue detenido. Camino al
centro de detención una multitud de familiares de víctimas, esperaba en la
esquina. Él caminaba con una sonrisa de burla, como un nuevo Nerón, ante el
público. Entonces sonaron cinco disparos y cayó sangrando al piso. Las malas
acciones siempre se pagan. Aquí y allá arriba en el cielo. No hay escapatoria. ¡El
crimen no paga! |
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