Cuento feminista
Sara Piñeiro del Cura



Érase una vez una niña que se llamaba Cenicienta, vivía con sus hermanos y su padrastro.

Los dos hermanos siempre se reían de Cenicienta, le decían cosas como “si eres un chico, por qué te vistes de chica” o “si te llamas Antonio por qué quieres que te llamemos Cenicienta”, el padrastro se enfadaba con Cenicienta, no entendía que su hijo Antonio le gustara vestirse con vestidos y se hubiera cambiado el nombre por Cenicienta.

Ante esta situación, el padre de Cenicienta se le ocurrió obligarla a hacer las tareas de la casa, el padre pensó que si quería ser una chica, iba a hacer cosas de chica, así que obligó a Cenicienta a limpiar, a poner lavadoras, a cocinar y todas aquellas tareas que él entendía que eran de chicas.

Pero Cenicienta quería ser bióloga, las tareas de la casa no le gustaban nada y ella no entendía qué tenía que ver sentirse una chica con hacer esos trabajos.

Así que Cenicienta cansada de sus hermanos y su padrastro, un día se escapó por la ventana sin que nadie la viera, se fue al bosque a dar un paseo, con su libro de clasificación de flores y bichos, de entre todas las flores del bosque, hubo una que llamó su atención de manera especial. Cenicienta al ver que esa flor no aparecía en su libro de clasificación de plantas, se dio cuenta de que había descubierto una nueva especia.

En ese momento, mientras estaba absorta por su descubrimiento, un jinete se acercó a ella.

-          Hola . Le dijo el jinete.

-          Hola. Respondió ella

-          Soy el príncipe del Reino de Comieron Perdices, ¿Qué haces?

Y Cenicienta le contó por qué se había escapado y cómo eso le había llevado a encontrar una nueva especie de planta.

El príncipe que era un apasionado de la naturaleza, le ofreció trabajar, haciéndose cargo de la clasificación de todas y cada una de las flores que hubiera en el Reino de Comieron Perdices; Cenicienta accedió encantada.

Así pasaron los años y Cenicienta y el príncipe se hicieron muy amigos. Cenicienta se compró una casa a las afueras del reino, en medio del bosque, a lo largo de los años Cenicienta descubrió más de mil plantas nuevas y muchas de ellas se usaron para hacer medicamentos, pinturas, tintes para la ropa, etc.

Cenicienta se convirtió en una gran bióloga y acudían eruditos y eruditas de otros reinos hasta su casa para poder aprender de ella.

Y así fue como Cenicienta consiguió ser feliz haciendo lo que más le gustaba en el mundo.

Colorín colorado, este cuento feminista ha terminado.