La cara de la otra moneda
Daniela Fernández-Cuevas Molina


Sentía un frio que me inundaba los huesos y debido al peso de mi cuerpo no podía levantarme, no podía pensar con claridad, no sé cómo ocurrió, pero me desperté, no veía con los ojos sino con los pies, cada pisada era una nueva experiencia para mí, un soplo de aire, sentía mis huesos atrofiados y juraría que algunos no eran de verdad, no sentía mi piel que era para mí como una armadura o un muro de hierro, me sentía desnuda y privada de mi espacio, decidí salir, fuera todo estaba iluminado como si las estrellas hubiesen bajado del cielo y las luciérnagas se hubiesen juntado, todo era ruidoso y extravagante, no había ningún sitio para las sombras, todo estaba cubierto de colores cálidos y el aire olía a comida, pero a pesar de todo eso, no había un ambiente cálido, no había calidez en las figuras que caminaban por aquella calle, la gente se miraba con ojos fríos y se apartaban al mínimo roce de pieles, hacían como si las figuras que huían a los callejones, como si la gente que gritaba desesperadamente pidiendo ayuda no existieran, como si la chica que se encontraba en medio de toda esa gente, medio desnuda, sangrando y llorando mientras rogaba de rodillas, no existiera, todo una mentira, una mentira bien elaborada, eso a lo que yo llamaba mentira otros llamaban mundo real, ¿Por qué era tan triste y oscuro?, ¿Por qué aparentaba ser tan genial?, ¿Es que acaso solo sabia actuar?, después de todo era la otra cara de una moneda, pero... ¿Por qué la gente aparentaba no poder verlo?, ¿Por qué lo negaban? Era... tan triste, tan real.