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Alba
miró las copas y dijo: -
Cris estas copas son
regias, rebienudas, che… -
Eran de mi suegra.
Viste lo que son… querés que te confiese algo, me da
miedo usarlas. Nerviosa,
Cris consultó el reloj, situación que no paso inadvertida para Alba. -
¿Sucede algo? -
Los de Alancrem ya
deberían haber enviado la comida. -
Debe estar al caer.
Igual estamos solos. Con Mario y Juan no hay problemas. -
No sé, siempre me cae
mal que no cumplan estrictamente con lo establecido, porque después igual te
cobran un ojo de la cara. -
También con lo que te
despachaste para pedir: pavo relleno, caviar, champagne… no, no nos podemos
quejar de nuestros mariditos. -
Para nada, che. Que se deslomen
los guachitos en -
Si, después de la clase
con el profe, hablando de todo un poco, ¿Alba viste lo bien que está ese tipo? -
Jajajajajaja. Todas las alumnas se lo quieren atracar. -
¡Qué lomo! -
Bueno, bueno, un poco
más de recato que ahí vienen los men. Juan
seguía insistente tratando de convencer a Mario -
Yo creo que si nos
metemos con algo de forestación en el límite con Uruguay, no nos puede ir mal.
No nos puede ir mal. O directamente
en Uruguay, ellos no te matan impositivamente como hacen acá. Bueno pensalo y después me decís. No viene mal una cuarta pata
para la mesa, ¿entendés? -
No pensarán hablar de
negocios, ¿no? – interrumpió Cris. -
Para nada, amor. Para
nada. No podemos hablar ni de negocios, ni de política, ni de finanzas, ni de
deportes, especialmente fútbol. ¿De qué vamos hablar? ¿De qué “joraca” vamos hablar? ---contestó Mario. -
Hay que lenguaje tienen
ustedes. Por lo menos con nosotras podrían mejorarlo, ¿no? -
Por supuesto querida, ¿queréis
pasaros al comedor para devorar esos sabrosos platos que preparasteis con tanta
perseverancia y distinción? -
No seas ridículo,
Mario. -
Timbre - intercedió
Juan -
Si le voy a decir a
Lucrecia que reciba la comida y prepare para servirla. Durante
la cena, Cris no se percató que Alba insistentemente le tocaba la pierna a
Mario, el marido de su amiga, por debajo de la mesa. Tampoco Juan, parecía muy
alertado. Mario,
en un momento, la miró seriamente como para que terminara con esa situación que
para nada le divertía. Después
de una larga y entretenida sobremesa Alba y Juan decidieron irse. Mientras Cris
ayudaba a Lucrecia, la mucama, con algunas cuestiones domésticas y Juan
distraídamente ojeaba un libro en la biblioteca, los otros dos se cruzaron en
el dormitorio. -
Qué estás esperando
para llamar. - increpó Alba. -
Tranqui, tranqui, no pude, tranqui que se van a avivar - respondió Mario -
Espero tu llamado -
terminó de decir Alba que tomó su abrigo y se dispuso a salir. Mario
entró en el departamento que Andrés Figueredo, su socio, le prestaba cuando era
necesario. Como decía Figueredo “para combates cuerpo a cuerpo e innegables
cogidas de arrojo y virtud”. Flor de putañero Figueredo, pero una suerte que
fuera soltero y solidario. Distraídamente
se sirvió un whisky y puso una música suave y melancólica, mantuvo el ambiente
a media luz. Al rato, sonó el timbre. La figura cuidada de Alba apareció,
dibujada a contraluz en el marco de la puerta. Ella entró, lo abrazó y se
besaron. Él enseguida buscó la lengua de ella y ya la notó agitada y con ganas. -
Ayy, me hacía falta un encuentro con vos. -
Estaba muy marcado este
último tiempo, entendé - contestó el hombre lacónico,
mientras intuitivamente le acarició una teta. -
Sí, pero no me descuidés porque sabés que me
gusta coger con vos. Hijo de puta sos como una droga.
Como te metiste en mi vida. -
A mí también me hacés falta, querida. -
¿Seguís siendo mi amor?
-
Tranqui, tranquila… -
Me gusta que me lo
digas. -
Y yo me siento como un
pelotudo cuando digo: “te amo, te amo, querida, sabés
que te amo” Se puede saber que estoy haciendo acá, si no fuera así…
arriesgando, dejando el laburo tres horas. Largando todo. Todo en banda ¿Por
quién? ¿Por vos? Y todavía tengo que certificarlo, y me escucho, estúpido,
balbucearte, te amo, te amo. -
¿Te vas a pegar un
baño…? -
Sí, primero me voy a
sacar toda la mierda que tengo encima con un buen baño y después espero responder
a tus inquietudes. Ya veo que te pusiste casi en bolas. -
¿No querés
que me bañe con vos? -
Sí, es buena idea, lo
que no se si voy a llegar a pegarme el baño, de esta forma. -
¿Vos también estás con
ganitas? -
Por supuesto, estoy muy
calentito…y me parece que está subiendo un poco la tempe. -
Así parece por lo que
veo. -
Me alcanzás
un pucho, bueno, gracias --- dijo Mario. -
A veces pienso después
de hacer el amor que lo nuestro es tan extraño… -
¿Por? -
Tan íntimo los cuatro.
Nuestra amistad se remonta a tanto tiempo atrás que a veces pienso… -
Que somos unos
inmorales bárbaros de hacer esto a Juan y a Cris, ¿no? -
Sí, un poco eso. -
No tenés
ganás de relajarte un poquito después de tan buena
cogida. Aquí en la cama tiraditos, los dos
felices. Dejá de pensar y complicarte la vida ¿No
estamos bien así? -
¿Vos crees? -
Estoy totalmente
convencido. Si nosotros fuéramos la pareja, no estaríamos en situación tan
privilegiada. Este es nuestro premio en la vida. Nuestro oasis. Nuestra tregua
total y definitiva. Y tenemos la mejor parte. Nos salvamos del desgaste diario. Nos ponemos lo mejor para vernos. Nos
perfumamos, nos preparamos y cogemos como los dioses, porque no creas que con
Cris es como con vos. Para nada. -
Tampoco yo con Juan.
No pongo tanto sentimiento. ¿Por qué crees que es? -
Pienso que en mi caso,
Cris y yo, primero arrastramos todo el quilombo del día a día. Llego muerto por todo lo que tuve que luchar con
la empresa, con Figueirido, con los clientes, con los
empleados y empieza… que si le compramos
un auto a Pedrito, que a la nena le subieron los aranceles de la facultad, que
si puedo conseguir un plomero yo, para arreglar una pérdida... Pierdo las ganas
de coger. Te das cuenta… Cuando llego a la cama estoy cansado, me clavaron diez
banderillas y ando como un toro lisiado listo para el sacrificio. En cambio, en
nuestro paraíso terrenal, se que no me vas a venir con ningún requerimiento doméstico
y que vamos a copular como queremos o como deseamos y que lograremos todas las
satisfacciones habidas y por haber. Nos bañamos juntos, me servís un whisky, me
masajeas, y ahí si te digo: te amo. Llego a momentos cercanos a la perfección con vos. Además Cris, siempre fue muy anodina en la cama. Cogida
reglamentaria en forma reglamentaria. Falta muchas cuota de fantasía…Coge como
lo hacía la abuela. -
Pero la gozás -
Sí, por supuesto. No te
puedo mentir. La gozo. Pero no como a vos. Y sabés
que no te verseo. -
Hasta ahora hablaste de
coger y no de amor. -
Zás. ¿Podes
decir que vos no amás a Juan? -
No, no sé si a esta
altura puedo hablar de amor… pero lo quiero mucho. -
Mira, yo lo que siento
por vos y por Cris es muy parecido. No es lo que debería decirte, ¿no? A las
dos las quiero, siento atracción y al mismo tiempo tengo mucha afinidad con
ambas. Y si yo digo que la amo a las dos, se arma quilombo. Vos no lo entendés. No
lo entendería ella. Bueno, ella podría llegar a matarme. -
Es una situación rara. -
Alba, yo no idealizo el
amor, el romanticismo, y todas esas cosas. Lo mío es distinto. A ella me atan
muchas cosas, los hijos, la casa, la historia, las cosas en común. Y a vos todo este paraíso y una pasión
desenfrenada que no deja de ser amor, a mi juicio. -
¿Aquella propuesta de
irnos juntos? -
¿Propuesta de irnos
juntos? Eso era una locura totalmente irrealizable. Ni vos vas a dejar a tus
hijos, ni yo a mis hijos. Y se armaría un quilombo total. Una guerra nuclear. ¿Me
querés decir para qué? Para que perder todo… -
Para estar más tiempo
juntos. -
No es cuestión de
cantidad de tiempo, con más tiempo nos empezaríamos a friccionar nosotros. Así,
lo nuestro está totalmente protegido, esterilizado, eliminado de toda
contaminación rutinaria. Puede ser Alba que no te des cuenta que es una situación
ideal. -
¿Te parece? -
Nosotros estamos
protegiendo y apoyando también a Juan y a Cris. -
¿Qué decís? -
Alcanzame otro pucho, estamos protegiendo a ellos… lo repito, lo
sostengo, lo reafirmo… ellos solos no podrían hacernos felices, por algo
estamos acá. Y somos necesarios en su vida. -
Creo que te estás
tratando de convencer a vos mismo. Hace mucho que pienso en esto. Es casi la
diferencia entre inmoral y amoral. -
Uhhh! ¡Qué día complicado que tenés! -
Yo asumo que estamos
haciendo algo que no está bien. La infidelidad no está bien. En cambio dentro de un rato a vos, de acuerdo a
tu disertación, porque lo tuyo ya llega a nivel de disertación, tendrían que
venir Cris y Juan y agradecerte. Ves te reís, sabés
que tengo razón. -
Me río… por como lo expresás. Hermosa no puedo vivir sin vos. Me muero. Si desaparecés, me muero. Dios, ten piedad de nosotros… -
Bueno, voy a empezar a
vestirme. -
¿Qué hora es? -
Cinco cuarenta y cinco -
Pucha, se fue la hora. ¿Cuándo te veo? -
¿Para calmar tus ansias
sexuales? -
Para hacer todas las
fantasías que no puedo hacer en casa. -
¿Le pediste a Cris en
la cama, hacer todas esas fantasías? -
No. A vos tampoco…Fue
mágico, comenzó a fluir solo. ¿No? No me gusta pedir. Cada uno tiene que hacer
lo que siente ¿Dónde está mi calzoncillo?, ¿está de tu lado?, fijate Alba, por favor. Ahí, ahí está, lo toco con la punta
del pie. Dame… -
Sabés… siempre terminás haciendo lo que
querés conmigo. -
No, nos necesitamos los
dos. Para mí sos fundamental. Tenía tantas ganas de cogerte, de estar con vos,
de penetrarte una y mil veces por todos los lugares que me dejaras y que
quisieras…Sufría tanto cuando te veía constantemente y te sabía de mi amigo, de
mi hermano, porque aunque no lo creas, a Juan lo quiero como a un hermano. Sí,
pensarás que soy un hijo de puta por
las cosas que digo. Pero lo siento así… y pienso en un montón de
hipocresías y de pelotudeces y de reglas impuestas, y de imposibilidades de ser
feliz, de auto castraciones… -
No entiendo. Dejame vestir que se hace tarde. -
Vestite, no te ato las manos. Mirá, sin
ir más lejos el otro día estaba buscando un artículo sobre negocios
inmobiliarios en el exterior y me topé en el diario con las manifestaciones de un filósofo, no me
preguntes el nombre porque no lo recuerdo, pero hablaba que la monogamia iba a dejar de existir en los próximos años, que
el hombre necesitaba mucha más libertad de acción. Y te cuento algo… vi estadística de adulterio,
nosotros pasábamos cómodamente el 50%, y ustedes ya estaban en más del 35%. O
sea que no estamos solos en este asunto. ¿Qué me decís? -
No te gastés, yo aunque quisiera, no podría dejarte. Sos como el motor que me impulsa… Te iba a comentar algo y
me interrumpiste. Sí, ahora recuerdo, vos siempre fuiste y sos
el centro de atracción cuando estamos los cuatro juntos. Siempre. Juan es tan
callado, de tan bajo perfil, tan introvertido. Metido en sus libros, en sus
escritos, en su computadora. No sé. Tan silencioso. Vos emergés
con tanto poder… -
No es tan así. Juan es
un tipo que en muchas cosas admiro. Tiene un agudo poder de observación, de
captación de ambientes, es rápido para eso ¿Te preguntarás cómo no adivinó esta
situación? Fue mérito nuestro. Mucho mérito nuestro. Pero él, con sus silencios, sus observaciones, tiende a
capitalizarse constantemente. Y yo, a veces, me siento como vacío, como si
dejara todo por el camino. Como si me esforzara por prevalecer. Compito. Me
mato ¿Sabés el motivo? No quiero quedar desamparado ¿Entendés? No quiero quedar solo. -
No sé. Yo te veo a vos.
En cambio Juan, ausente con aviso…Pero eso sí, vos estás compitiendo
constantemente con él. Te mostrás, te proyectás… -
Pará, pará… vos también
con Cris… -
Hay motivos. Y vos sabés cual -
Sí, te cagó tu primer
noviecito en la juventud. Son boludeces de juventud, Alba… -
Para mí fue terrible y no
tanto una boludez de juventud. Las pasiones y sensaciones eran muy fuertes. -
Pero ni llegaste a
consumar con el muchacho, ¿no? -
No, no llegué… -
¿Cómo se llamaba? -
Carlos. -
Te quedaste con las
ganas. Entonces los recuerdos se hacen imborrables. -
Con ella tampoco pasó
mucho. Fueron salidas de uno o dos meses… -
Menos mal, me hubiera sentido cornudo por partida doble. -
Pero lo que me molesta fue la actitud. La actitud que tuvo ella…
Bueno, me voy… -
¿La semana que viene podés? -
Miércoles o jueves
estoy por acá -
Confirmemos por si
surge algo. Sonó el
teléfono en la casa. ----Te
digo que sí, Juan… yo lo necesito tanto como vos… ya sé, ya sé cual es tu lema
sobre la mujer ideal… sí, seguro una dama en la vida y una reputa en la cama…
sí estaré con vos el miércoles… haré lo imposible… yo también te extraño…
correcto, correcto… llamame al celular, no por el de
línea a casa…bueno, sí, pero sabés las paredes oyen…
sí, sí, seguro…yo también te amo… bueno, te tengo que cortar escuché ruidos en
el garage… sí, llegó |
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