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Nueve de la
mañana
: Nos constituimos en Comité de Resistencia Permanente, en
el Salón de Actos de la Facultad de Derecho. Tras un encendido debate,
aprobamos un Manifiesto que pensamos hacer llegar al Rector Magnífico, al señor
Laín Entralgo, y al Ministro de Educación Nacional, el
señor Ruíz-Giménez. El punto básico e irrenunciable es la Libertad de
sindicación universitaria, y el desmantelamiento del SEU.
Diez y cuarto
de la mañana
: Algunos infiltrados falangistas han
intentado reventar la Asamblea de Estudiantes. Son expulsados. Minutos después,
acuden dos grupos más de seuístas armados con palos y
porras con el fin de intimidarnos y disolver nuestra Reunión. Levantamos
barricadas en la puerta con bancos y papeleras de hierro. Les obligamos a
retroceder.
Once y cuarenta
minutos
: El señor Rector se resiste a autorizar a la Policía Armada
que se despliegue en nuestra Facultad. Lo vitoreamos. Envalentonados, se nos
suman alumnos de Primero de Filosofía y Letras y de otros cursos, como
Medicina. Hemos ocupado las ventanas. Salimos al patio principal, donde
conseguimos cerrar las verjas ante las unidades móviles de la Brigada Política.
Doce y treinta
y cinco minutos
: hay gran tumulto en las calles y
plazas adyacentes. Al parecer, han intentado sumársenos más estudiantes de
otras Facultades, pero les han cortado el paso. Intentan identificarlos y
detener a los cabecillas. Codo con codo, logramos abrirnos paso hasta ellos por
una calle trasera para llegar a Sol y a Gran Vía, donde esperamos manifestarnos
con los rechazados. Hacen primeros disparos de advertencia.
Una en punto de
la tarde
: Han aparecido agentes a caballo. Algunos son Guardias
Civiles. Empezamos por apedrear a las pobres bestias, que se encabritan y
reculan sembrando el desorden entre las camionetas. Hay también policías de paisano
y de la Brigada Político- Social. Cargan contra nosotros. Es la primera carga
en toda regla.
Una y cincuenta
minutos
: Hemos podido reagruparnos entre las calles Marchena y
Matías Montero. Más disparos distantes. Hay algunos heridos. Corre el rumor de
que han cerrado y ocupado las Facultades de Derecho, de Medicina y Filosofía.
Algunos transeúntes nos increpan; otros nos animan, otros nos provocan con un
tono de chanza; los más, nos rehuyen escabulléndose
en portales, tiendas, cafeterías, que bajan las persianas. Nos desbordamos por
calles cada vez más anchas, desiertas, como despejadas para una batalla campal.
Corrillos y canciones de scouts. Y ventanas cerradas.
Dos y cuarto de
la tarde
: Primeras noticias (rumores) sobre el ministro y los
Rectores, Laín y Tovar. Han hecho un llamamiento a la calma y al diálogo. Se
atenderá con justicia y prudencia nuestras reivindicaciones. Algunos empiezan a
apartarse discretamente. Se habla de posponer la marcha hasta mañana. Empieza a
hacer calor.
Dos y media
:
Los grises emplazados en Alonso Martín rompen la formación. “Hora de comer,
muchachos”. Aparecen más furgones. Los altavoces se desconectan. Los bares que
les sirven el teléfono abren poco a poco. Sacan sus mesas a la calle. Nosotros
también nos ponemos en marcha hacia los bares de Antonio Martín y Plaza Mayor.
Tres
:
Benditas campanadas. Los bares rebosan. Pasan discretamente algunos grupos de
grises rezagados. Luce un cielo azul, punzante, de veranillo de San Martín.
También hay voceadores: un carrito de helados. Gorriones. Es el momento de
hacer balance. Mañana volveremos a tomar la calle, la Facultad. Después seremos
libres, un día. |
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