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Me llamo Alfredo y soy un banco.
Puede que a simple vista parezca igual que los demás bancos…pero
nada más lejos.
Os voy a contar un secreto, a diferencia de mí, a los demás bancos
no les gusta ser bancos, siempre dicen que la personas ponen sus culos sobre
ellos y claro los culos huelen muy mal, cierto es que en algunas ocasiones la
gente se tira pedos sobre nosotros y no es muy agradable, pero a excepción de
ese pequeño detalle a mi ¡ME ENCANTA SER UN BANCO!!
Vivo en un parque, delante de unos columpios, pero no siempre he
estado aquí.
¿Queréis que os cuente mi historia?
Me hicieron en una fábrica, tenía un color marrón muy bonito, ahora
ya desgastado por el paso del tiempo, olía a madera recién cortada y el hierro
de mis reposabrazos resplandecía tanto que los bichitos los utilizaban como
espejos para ponerse guapos.
El primer sitio en el que me colocaron fue en la plaza de un
pueblo, recuerdo gente caminar de un lado a otro, unos iban con prisa, otros
simplemente daban un paseo, algunos iban o venían de hacer sus compras; pero lo
que mejor recuerdo son las ganas que tenía cada mañana de que se sentaran sobre
mí y así poder escuchar historias maravillosas; como aquella vez en la que dos
mujeres se sentaron sobre mí y pude escuchar como una le contaba a la otra que
había recorrido el mundo entero, contó historias tan fantásticas como que había
visto a un ratón intentando atrapar un gato, o que vio a un pájaro nadar bajo
el agua, pero sin duda mi historia favorita fue cuando contó que había ido a un
lugar tan al Norte tan al norte que el Sol pintaba el cielo de colores y que
estos bailaban al son del viento.
….Pasé muy bueno ratos allí, aprendí mucho de las personas y de sus
historias, pero un buen
día
y sin previo aviso
comenzaron a hacer obras en la plaza y me cambiaron de lugar, me dio mucha
pena, además, estaba muy triste y asustado porque no sabía cuál iba a ser mi
nuevo destino y claro está, echaría de menos mi plaza, pero una parte de mí
estaba impaciente por saber que me aguardaba allá donde me llevaban…
Tras un largo viaje en camión, me llevaron a un almacén, allí había
muchiiiisimos más bancos, grandes, pequeños, de
madera, de metal, redondos, cuadrados, de colores….
Uno de los bancos más desgastado llamó mi atención, era blanco, o
al menos lo había sido en algún momento ya que ahora estaba muy viejo y
desgastado, aunque se podía imaginar que debía haber sido muy bonito años
atrás.
Era de madera maciza, con un gran corazón tallado en el respaldo y
unos reposabrazos que se retorcían como guirnaldas de navidad.
Tras varios días allí, comenzamos a hablar y finalmente nos hicimos
amigos, se llamaba Petra y me contó que había estado toda su vida frente al
mar, cada día podía ver, el mecer de las olas y el danzar de las gaviotas , las alegres salidas de Sol y sus ansiadas
puestas; yo no entendía por qué eran ansiadas, pero Petra me contó que la gente
se acercaba a media tarde hasta
donde
estaba ella y mientras el
Sol se escondía tras el mar, todo el mundo permanecía en silencio y una vez
había desaparecido, todos aplaudían muy felices.
Petra me explicó que esa era la forma que tenían las personas de
darle las gracias al Sol por todas las horas de luz y calor que les daba; pero
lo que más le gustaba a Petra era poder observar cómo la Luna, presumida,
miraba cada noche su reflejo en el mar, de hecho me contó que se hicieron tan
amigas que la Luna decidió iluminarla un ratito cada noche.
Finalmente, una mañana y sin previo aviso, aparecí en un parque,
que es donde vivo ahora y tengo que decir que es el mejor sitio en el que he
estado.
A mi alrededor hay árboles, flores y otros bancos; por las mañanas
vienen señores y señoras mayores que se sientan sobre mí y hablan sobre muchas
cosas, como por ejemplo historias de cuando eran jóvenes, clases a las que
están apuntados como pintura, escritura( a veces si tengo suerte alguien lee
alguna poesía que ha escrito en voz alta) también hablan sobre viajes que van a
hacer o han hecho o simplemente traen el periódico y lo leen, así me mantengo
informado sobre lo que pasa en el resto del mundo, aunque he de decir que he
descubierto que uno de los temas que más le gusta hablar es del tiempo, ya sea
del que hizo el día anterior, el que está haciendo en ese momento o el que hará
al día siguiente.
En definitiva mis mañanas son muy tranquilas, todo lo contrario a
las tardes.
Por las tardes vienen las niñas y niños al parque y juegan conmigo,
gracias a ellos no solo escucho historias si no que ahora soy parte de ellas,
desde que llegué aquí he sido muchas cosas, el mostrador de una tienda, un
dragón, un unicornio, una portería, aunque reconozco que esto fue lo que menos
me gustó debido a los golpes que me daban con la pelota, también fui un tren
que volaba y ayer sin ir más lejos fui una nave espacial que viajaba al espacio
sideral en busca de extraterrestres.
Ahora cada noche me duermo impaciente por saber que aventura
divertida y disparatada voy a vivir al día siguiente.
Gracias a los niños por la magia e ilusión que dan al mundo. |
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