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Para
los que ignoran qué es la CATALEPSIA esta consiste en un choque emocional muy
fuerte que logra que la persona que lo sufre adopte una apariencia pálida,
rígida y fría; llegando incluso a perder la sensibilidad y los latidos del
corazón y la frecuencia respiratoria disminuyan hasta el punto de no ser
detectados. Muchas personas que sufren uno de estos ataques son declaradas
muertas y enterradas vivas. Es el tema de una película basada en el cuento de
Edgar Allan Poe LA PAVOROSA CASA DE USHER en la cual una familia sufre de este
padecimiento y sus miembros son enterrados vivos. En otra oportunidad hablaré
de este cuento. El
mío es como sigue: En
ese pueblo que nombro en varios de mis relatos, la mayoría anecdóticos, vivía
un amigo mío, lector insaciable de cuentos y novelas de suspenso y terror. Por
supuesto, entre sus autores preferidos estaban Ágata Christie, Lovecraft, Poe,
King y otros que lo trasnochaban y le impedían dormir con la luz apagada por
miedo a los espantos y demonios de sus lecturas. Sus
familiares y amigos estábamos preocupados todo el tiempo por su modo de actuar,
empezando por su apariencia personal desaliñada, sin afeitar y despeinado,
descuidado en el vestir y parco en las charlas con todos, hasta con nosotros,
sus amigos desde la infancia. En algún momento buscaba nuestra compañía para
discutir sobre un tema que se convirtió en recurrente: la Catalepsia, y nos
insistía en su posible tendencia a ser enterrado vivo por este padecimiento. Llegó
a ser tan fastidioso con su insistencia que cuando lo veíamos venir en la
distancia, disolvíamos la reunión y acordábamos un encuentro posterior… y así
transcurrieron varias semanas, hasta una tarde que alguien corrió la noticia de
la muerte de Frank Einstein, como se hacía llamar. Entonces sí corrimos a su
casa donde encontramos a su madre y sus hermanas llorando compungidas alrededor
de su lecho de muerte. Llegaron
los buitres de la única funeraria del poblado y lo envolvieron en sábanas
blancas antes de ubicarlo en un ataúd de pobres (su madre y hermanas
sobrevivían con la pensión del padre fallecido diez años antes y él no hacía
nada más que leer y por eso no pagan). Nosotros observábamos en silencio
recordando todos sus argumentos sobre la catalepsia esperando que diera alguna
señal de vida, pero nada. Ya
en la iglesia, en la ceremonia funeraria y con el cadáver a la vista pálido y
rígido a la vista de los feligreses temerosos de la muerte y llenos de
supersticiones, el sacerdote terminó la misa y se acercó al féretro con el
hisopo en la mano para darle la última bendición y echó agua bendita sobre el
rostro de Frank. Algo extraordinario ocurrió, el difunto parpadeó y se sentó
asombrado mirando a todas partes, estaba vestido de paño con el único vestido
heredado de su papá. Entonces los fieles creyentes, en vez de agradecer el
milagro huyeron despavoridos. Una
resurrección no es para quedarse quieto y en nuestra cultura la muerte es digna
de sentir el miedo más grande. Poco después, nuestro amigo, aburrido de que
todos lo rehuían se pegó un tiro en la sien y el día del entierro casi todo el
pueblo asistió a la ceremonia desde el atrio por temor a que de nuevo
resucitara. Pero esta vez no se repitió el milagro. |
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